La comunicación asertiva y cómo fomentarla en Niños, Niñas y Adolescentes NNA

Uno nace asertivo el tiempo y terceras personas nos cambian.

Un bebé llora por que expresa molestia, cansancio, hambre o sueño; nada más asertivo que ese pequeño ser que desde el primer momento usa el llanto para comunicarse tanto como si no está bien como cuando está feliz pues sonríe, grita de emoción y hasta se avienta carcajadas.
¿Qué sucede entonces? ¿Por qué está comunicación va cambiando hasta no poder transmitir lo que queremos y quedarnos callados?
Los papás somos el primer contacto y terminal de los bebés y niños pequeños, nosotros vamos modelando las actitudes y la comunicación de nuestros hijos.
Palabras y frases como “NO”, “Cállate”, “No hables”, “No llores”, ” No te enojes”, “Nadie te va a querer si lloras, te enojas, o dices lo que piensas”, “A nadie le importa lo que pienses”, etc, marcan y van quedando en la mente de los NNA.
La mayoría de las veces decimos estás frases por que estamos cansados, hartos, tuvimos un día difícil, pero también sin querer (queriendo) lo hacemos para manipular y controlar a nuestros hijos, la amenaza funciona súper bien, cuando queremos que haga la tarea, se meta a bañar pronto y sin chistar o se comporte perfecto frente a los abuelos, amigos o extraños, pues tenemos miedo de que los demás piensen que no sabemos domar, perdón, educar a nuestros hijos.
Los niños van comprendiendo que si quieren “llevar la fiesta en paz” a veces deben de callar, poner buena cara y aceptar lo que se les dice u ordena; condicionamos el amor al comportamiento y ahí es donde todos salimos perdiendo.
¿Por qué?
Pues porque no sólo se comportan así con nosotros sino empiezan a actuar de la misma forma con sus pares y otros adultos con los que conviven, maestros, familiares y extraños.
Esto es un riesgo altísimo pues si se presenta una situación de peligro pueden ceder ante la amenaza de aquellos que quieren abusar de los NNA, y no me refiero solo a lo físico, el abuso emocional y el bullying es más fácil en un niño que ha vivido con supresión y que tiene una baja autoestima. Si alguien lo agrede física, verbal o emocionalmente el NNA recuerda lo que de pequeño le decían, esas programaciones “Cállate”, “Calladita más bonita”, “A nadie le importas”, “Si lloras nadie te va a querer”, “El que se enoja pierde”; llegando al punto de aguantar abusos de todo tipo a causa de no haber sido educado con una comunicación asertiva.
¿Cómo podemos fomentarla?
Respetar sus No’s
Alguna vez en alguna plática una señora se quejaba amargamente de que su hijo de tres años solo decía: “No”, la mamá estaba harta. El especialista le dijo: “¡Qué bien!”.
La señora estuvo a punto de llorar cuando el conferencista le explicó: “Cuando tu hijo crezca vas a valorar que diga “No” con convicción si lo invitan a hacer algo que no le gusta, cuando le pidan que le jale el pelo a la compañera o de adolescente diga un contundente “No” al cigarro o al alcohol”.
Todos abrimos los ojos, claro, debemos de criar niños seguros a quienes se les respete su no querer hacer cosas, a respetar que no quiera saludar de beso a la tía o al amigo de la familia (porque ¡qué pena¡ ¿qué va a decir?), que no quiera subir a la resbaladilla o que no quiera probar el alcohol o jugar a la botella con los compañeros de la clase.
Un niño que es educado en un ambiente de respeto, con buenos tratos replica lo que vive en casa y es seguro de sí mismo.
Debemos además de poner atención a sus indicadores así como el bebé que llora y es atendido, los niños crecen y van hablando muchas veces sin palabras solo con su lenguaje corporal, aprender a leer sus señales es importantísimo pues así podemos advertir si tienen miedo, enojo, pena y desde pequeños ayudarles a poner nombre a sus emociones; esta es la verdadera educación emocional.
Cuando tuve a mi primer hijo leí el libro “The Baby Book” del Dr. Sears, en una de sus tantas recomendaciones decía que cuando uno no atiende a un bebé llorando, empieza a entender que su comunicación no es recibida, deja de comunicarse porque aprende que por más que llore no va a ser escuchado; sin embargo este aprendizaje queda y más tarde cuando el bebé crece y se convierte en un niño y adolescente, es probable que piense que no puede expresar sus emociones; sabe que no va a ser atendido. Eso me marcó muchísimo. Así que además de atender a los niños desde muy muy pequeños, hay que mantener abierta la comunicación con ellos y repetirles una y otra vez que son amados, respetados y que su voz vale y es la mejor herramienta para defenderse.
Asegurarles que siempre vamos a creer en ellos y que no importa lo que hagan siempre los vamos a querer. Nuestro amor no está condicionado.
Un niño seguro es menos probable que sea víctima de cualquier forma de abuso, un niño seguro sabe que su palabra es escuchada, sabe que es amado y que nadie tiene derecho a tratarlo mal, que está bien decir “No”.
Diferenciar el acusar y el denunciar. Los niños creen que es lo mismo, si ellos ven a otro haciendo algo malo deben denunciarlo. Los bullys o acosadores se valen de esto y ridiculizan al niño diciéndole que es un chismoso o un cobarde si acude a un adulto para hablar de lo que le dijeron o le hicieron a él o a otro niño.
Debemos decirle que no es lo mismo acusar a Juanito de haber roto un jarrón en casa de la abuela, a denunciar a Juanito que les pega a otros niños en el recreo y les quita el lunch. Hay que explicar que cuando ellos vean que alguien agrede a otro y puede poner su integridad en peligro es necesario acudir con un adulto de confianza, lo mismo si el abuso es hacia ellos, hacerlos pensar en un adulto de confianza que se sientan seguros para hablar con esa persona y denunciar. Quien no denuncia y calla se vuelve en cómplice.

Igual cuando es un adulto quien los agrede debemos decirles que no tienen por qué aguantar ningún maltrato, ya sea emocional, verbal, físico o sexual. Una terapeuta sexual que conocí en la escuela de mis hijos, recomendaba abrazar mucho a los niños, mostrarles cuáles caricias se sentían bien, esas que alimentan el espíritu para que cuando alguien se les acercara a los niños y no sintieran eso sino una sensación de molestia, incomodidad o miedo reconozcan la diferencia entre una caricia buena y otra que no lo es.
Papás paremos oreja, abramos los ojos y abracemos fuerte a los pequeños para que crezcan seguros.

Irene García
Irene García

Irene García, es @mommychic1, mamá bloguera desde hace más de 4 años, sobre temas de maternidad, crianza y estilo de vida. También forma parte del #StreamTeam de Netflix Latinoamérica y de bbmundo.

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