Al fin que ni quería

El tema de esta semana me causo un poco de conflicto. Hice una lista de personas a las que he maldecido y fue ligeramente larga. No sabía cuál de todas esas historias contarles, hasta que llegue a una en particular. No soy muy fan de contar detalles de mi vida en los blogs (eso digo jaja) Siempre pienso: ¿A quién podría importarle? Suelo dar más opiniones, que igual a nadie le importan pero me sirve para desahogarme.

Volviendo al punto… hace cinco años maldijé trescientas veces a una jefa que tuve. Alguna vez fui una Godínez, de esas que pasan por su café al Starbucks cuando es quincena o al Oxxo cuando faltan unos días y llegas arrastrándote al día de pago. Llevaba mis tuppers con comida hecha por mi mamá y luego por mí cuando me casé. Disfrutaba tomarme el café y chismear de los otros Godínez, tenía una buena jefa con la que platicaba horas en la comida, hasta close friends nos hicimos Un día esa buena jefa renunció y paso lo que cualquier Godin podría pensar: aspiré a su puesto.

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Cuando mi jefa directa se fue, apliqué a su puesto, estuve de acting, como le dicen a los pobres pendejos que se quedan representando un puesto mayor. Me quede al frente del Departamento de Comunicación Interna. Conocía mi puesto pero obviamente el de mi ex jefa representaba mucho más. Ahí estaba yo, muy en outfit Godín, iba a juntas con Directores (que se sentían tocados por Dios), tomaba llamadas desde la India y Malasia (me sentía importante), firmaba autorizaciones, corrí a un becario millennial que quería que le aumentara el sueldo, sin siquiera yo tener un aumento, se sentía que lo merecía todo y pues le dije adiós, con todo el poder que un acting podía tener, contraté un equipo (mi equipo), hacia entrevistas y disfrutaba diciendo; nosotros te llamamos.

Me quede al frente de un proyecto de “cambio” con ideas y mentiras baratas que prometían mejorar las condiciones laborales. Me enfrenté a la incredulidad de la gente pues montamos un evento de lanzamiento; un kick off, a las empresas trasnacionales les encanta usar términos anglosajones que solo estando en oficinas y masticando un poco de inglés entendías. A las personas de producción poco les importaba, ellos querían saber si la comida del comedor dejaría de parecer a la de la cárcel, la neta sabia a madres, por eso llevaba mis tuppers.

Era una jefa de Comunicación interna de dientes pa’ fuera. Pedía reuniones a quién era mi jefa directa; esa persona que está como quinientos puestos debajo en una trasnacional pero que tiene la última palabra. En esas juntas le explicaba con mucho entusiasmo por qué era apta para el puesto y casi muero esperando mi nombramiento. Bueno no, en realidad solo fueron tres meses pero para mi fueron una eternidad; no dormía, no me alcanzaba el tiempo, trabajaba hasta media noche, salía a comer en 15 minutos (extrañaba ser un millón de escalones debajo de mi vida Godín), mi computadora nunca la apagaba, casi cómo ahora pero con un sueldo y unos vales de despensa.

Llegó el día en el que me llamaron a la oficina de mi jefa para decirme; ¿Qué crees loser?, fulano de tal, es tu nuevo jefe. ¡Casi escupo el café de la máquina gratuita! Fulano de tal resultó ser un patán, machista, que se regocijaba de su sueldo y se reía como un estúpido, no tenía idea de lo que se hacía en una empresa de manufactura, venía de una agencia en CDMX dónde jamás había tenido trato con la dura realidad de una persona que trabaja en piso de producción. ¡Ardí! me preguntaba a mí misma, una y otra vez; cómo era posible que le hubieran dado el puesto a un pelele, cómo esa jefa me había negado la posibilidad de crecimiento con todo y que me metí a un diplomado para estar, según yo,  a la altura, había entrado a clases de inglés para entender el acento de los indios (de la India, según hindú no es correcto), cómo después de que saqué su evento enfrente de 16 mil personas que se morían de la risa de sus promesas de clima laboral,  cómo a mi me habían dado una patada en el rabo, pues así fue. ¡Toing a mi ego!

Decidí que no iba a renunciar, si querían que me fuera les iba a costar y ligeramente caro, digo ligeramente porque no ganaba millones pero si pagaban conforme a la ley y ganaba “bien”. Para sorpresa de todos, el que renunció fue el pelele y ¿Qué creen? Volví a ser acting, (no tenía dignidad) pasaron otros meses y yo pensando; ahora sí va la mía, ahora sí me van a valorarar. No fue así, volvieron a contratar a otro tipo, reconozco que más hábil que el pelele anterior que les costo carísimo.  Después de un par de meses yo seguía pensando; si me voy, les va a costar. Soñaba con el momento que me hablara mi agente de recursos humanos. El día llegó, el tipo no me soporto (ni yo a él, por obvias razones. No era él, era yo) y apoyado por su jefa me corrieron. Lo horrible e incomodo fue ir a Conciliación, ni que los fuera a demandar, si de eso pedía mi limosna.

Aún así, estaba incrédula; ¡Me sentía capacitada para el puesto! Pero no llene los ojos de una señora que creía que un externo lo iba a hacer mejor. La maldije durante dos meses, ¡Poco tiempo! Me embaracé, bueno, nos embarazamos, y después estaba convencida que lo mío era estar en casa con mi hija.

Lo que esa señora nunca supo, es que fui completamente capaz de crear sola un trabajo para mí, que las pocas oportunidades que dan las empresas me valieron un comino y aquí estoy; escribiendo en Diarios y sumamente feliz, conforme y agradecida con lo que hago. Deje de pensar: maldita vieja, para agradecer lo que hizo por mí; aventarme para emprender y dejar unas letras por acá. Seguro no me lee pero ¡GRACIAS!

Al fin y al cabo que lo mío no era el mundo de la manufactura, los tuppers, el café gratis, despertarme temprano y de todos modos llegar tarde, los chismes de radiopasillo, las secretarias mal encaradas, el inglés feo de los indios, el outolook (¿Todavía existe?) checar entrada y salida, esperar la quincena, pagar con mis vales de despensa, etc. ¡No era lo mío! Lo reconozco, no porque sea malo sino porque para las empresas eres un número de empleado más y me decepcioné. Para muchos no hay oportunidad de crecimiento, tengo ex compañeros que tienen años en el mismo puesto.

En fin, la verdad es que lo mio, lo mio, era contar mi vida en blogs, aunque finja que no lo hago. Ahora que lo pienso; las oportunidades no te las da otro, las construyes tu misma, las trabajas, las sudas y las vives tú sola. Después de cinco años me dan ganas de decirle a la ex jefa; al fin que ni quería (jaja)

¡Ah que chorote me aventé hoy!

1 Comentario
  1. Totalmente de acuerdo contigo. Viví una situación muy similar, en la que prácticamente me puse de tapete en espera de un ascenso y al final de cuentas siempre contrataban a alguien que ni idea tenia de lo que implicaba el puesto. Finalmente después de 9 años, decidí renunciar y dedicar mi tiempo a un hermoso pequeño y a mi espsoso. Aunque sigo en la búsqueda exhaustiva de un empleo o negocio propio que me permita sentirme plena en cuestión profesional. En conclusión, creo que la situación laboral cada vez es más deficiente, y por más de que uno se prepare para estar de acuerdo al puesto, el compadrazgo está presente.

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