Pausa Post-Sismo

Tanto que quería escribirles desde ese martes 19 y me quedé en pausa, viví estas dos semanas anestesiada.
Mi hija dice que soy una suertuda porque ningún sismo fuerte me ha tocado dentro de un inmueble; el del 85 estaba en el coche del papá de una amiga que nos llevaba a la escuela, íbamos escuchando “Batas, pijamas y pantuflas”, un programa radial matutino, cuando de repente en la esquina de la escuela dijeron en el programa que estaba temblando, se perdió la señal (pues se cayó el edificio) y volteamos a ver a una señora que caminaba con su hijo y se recargaba en un muro. El papá de mi amiga bajó la ventana y le gritó a la señora que se separara de la pared. Llegamos a la escuela y poco a poco nos fuimos enterando de los daños.
El sismo del jueves 7 de septiembre a las 11:49 de la noche iba manejando a la altura del Museo Tamayo en Reforma, escuché la alarma sísmica pero no sentí ningún movimiento, fue cuando al llegar a periférico que comencé a ver las notificaciones que me llegaban al celular preguntando si estaba bien. Cuando vi que había sido de 8.2 se me fue el corazón a la panza al pensar en mis hijos que estaban en mi departamento; afortunadamente no se despertaron.
El 19 de septiembre de este año me tocó en una gasolinera; bajamos Grace y yo a comprar algo a la tiendita de la misma y sentimos un jalón; volteamos a ver un espectacular y comprobamos que estaba temblando; no reaccioné hasta que el gerente mandó a todos al punto de reunión, pero ya había terminado, nos quedamos la mayoría pasmados sintiendo como debajo de nuestros pies la tierra se movía.
El regreso fue una lenta agonía al ver los videos que rápido en redes sociales se estaban compartiendo. Nos preocupamos por los peques pues ya casi era la hora de la salida.
Entró una llamada de la chica que me ayuda diciéndome que las escaleras del edificio se habían dañado, ahí de nuevo se me fue el corazón al estómago, pensé “¿En dónde viviré ahora?”.
Busqué en el chat de la escuela y la bendita vocal ya había avisado que todo estaba en orden y los niños en lugar seguro, que podríamos pasar por ellos inmediatamente. Pero yo estaba hasta del otro lado de la ciudad. Esa lenta agonía de estar en medio del tráfico que empezaba a colapsarse y avanzar sólo unos cuantos metros.
La señora que me ayuda fue por los chicos. Mi hermano me dijo que él y mi mamá estaban bien, gracias a Dios un pendiente menos.
Pensé en que el edificio se había dañado y tendríamos que tener un lugar seguro y cerca a cual ir. Me escribió mi ex-suegra para preguntarme cómo estábamos y después de que me dijo que estaban bien le pedí que nos diera asilo y accedió de inmediato; su hijo ya iba en camino por los peques para llevárselos.
Grace tomó Viaducto y me dejó a la mitad del carril sobre periférico y atravesé corriendo la lateral, si ya se que no se debe hacer pero no había otra salida y ella necesitaba también encontrarse con los suyos. En situaciones extremas se toman medidas extremas.
Caminé hacia una fábrica o escuela no sé qué era pero había varios jóvenes esperando transporte, pedí un uber y el más cercano estaba a 18 minutos, me dispuse a esperar pacientemente. Después de 5 minutos canceló el viaje pero inmediatamente la aplicación me asignó otro que estaba más cerca (¡Bendito!). Llegó el uber y el conductor me dijo que no iba a trabajar por la tarde pero se dio cuenta de la gravedad y de la necesidad de mucha gente de llegar a otros lugares y decidió salir a manejar (¡Bendito! Además ese viaje fue gratis).
Llegué por fin y abracé a mis hijos, subí por ropa y comprobé que las paredes de las escaleras estaban cuarteadas y mi departamento igual. Guardé algo de ropa, cosas de cuidado personal y salí corriendo. Le pedí a mi vecina que me avisara qué determinaba el de protección civil y los ingenieros que revisarían el edificio esa misma tarde.
Llegamos a casa de los abuelos de mis hijos, les ayudé a enviar mensajes a sus familiares que no se habían reportado, a localizar a la familia del chico que le ayuda en casa y a buscar si el edificio de uno de sus sobrinos había resultado dañado; afortunadamente no.
Empecé a compartir lo que se necesitaba en los centros de acopio que se organizaron ese mismo día, di retuit a los mensajes de personas que necesitaban ser rescatadas. Compartí la Foto de un chico desaparecido del Tec mi Alma-Mater, que quedó tan dañada; recordé mis años ahí, pensé en cuántas veces crucé por esos puentes hacia las oficinas, las aulas magnas o la cafetería. Pensé en mis profesores y amigos que laboran y estudian ahí, pedí por que estuvieran bien.
Me enteré que a dos cuadras de la casa de mi tía se cayó la escuela Enrique Rébsamen, Galerías Coapa se dañó y la plaza de enfrente se derrumbó, todos los edificios de alrededor resultaron gravemente dañados; recordé a una compañera de escuela por la que pasábamos en el camión a esos edificios café con blanco, pedí por su familia.
Pero aunque hacía muchas cosas y recordaba otras más desde ese día me quedé en pausa. Esa pausa de impotencia, de tener tantas preguntas sin respuesta.
¿Por qué exactamente el mismo 19?
¿Por qué se cayeron edificios?
¿Por qué una escuela?
¿Por qué de nuevo esta pesadilla?
¿Y los papás de Frida Sofía?
Hace 32 años mi mamá trabajaba y nos quedamos mi hermano y yo con mi tía, la réplica del día siguiente la pasé en la casa bajo el marco de la puerta del baño de mis primas, mi prima mayor salió en bata a buscarnos yo saqué a mi hermano del cuarto principal y los tres pasamos esos segundos juntos. Ahora pensaba en esa réplica, la esperaba así que busqué un lugar seguro para pasarla con mis hijos.
Al día siguiente nos levantamos tarde, yo no quería levantarme, seguía en esa pausa en el shock de no creer que estuviera viviendo de nuevo otro terremoto.
Mi vecina me contactó en la mañana me dijo que era seguro regresar, regresamos a levantar los trozos de yeso en el piso, a sacar cosas que pudieran servir a otros no tan afortunados, organizamos una colecta en casa, se lo dimos a mi amiga Eloisa que vivió literalmente la primera semana de un centro de acopio a otro; saqué cobijas, sábanas, ropa, zapatos, comida, lo que se pudiera para poner nuestro granito de arena.
Quisiera haber ido y ayudar más pero mi lugar en ese momento era junto a los peques. Seguí ayudando con las redes sociales, verificando información, contactando a personas, pidiendo ayuda a los grupos de amigas para otras amigas. Esto no ha terminado va para largo será una carrera de resistencia. Pero sacarme de esta pausa ha sido complicado, no he podido quitarme este mareo constante; el sentir que sigue temblando no ha cesado.
Y si he aceptado que tengo miedo de que vuelva a temblar, es un hecho que así será; está bella ciudad es así, su suelo está vivo y cambia, prevenir es la tarea, pero dejar el miedo, seguir viviendo y encontrar paz es el reto. Agradecer, disfrutar y ayudar a otros cada día es el medio para lograrlo.
Mi mamá me dijo que le pegó mucho el ver lo frágil que es la vida misma, en un momento todo se viene abajo.
El chiste es sacudirse los escombros del pasado, del miedo y disfrutar esta vida que aunque nos mueva el tapete vale la pena exprimirla antes de que la pausa y la obscuridad nos consuman.

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Irene García
Irene García

Irene García, es @mommychic1, mamá bloguera desde hace más de 4 años, sobre temas de maternidad, crianza y estilo de vida. También forma parte del #StreamTeam de Netflix Latinoamérica y de bbmundo.

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