¿Ser una mujer ordinaria o diferente?

Es frecuente que me encuentre en esa disyuntiva algo estereotipada; ser una mujer diferente o una mujer ordinaria. ¿Qué tiene de malo ser una mujer cómo cualquier otra? Me gusta la ropa, el maquillaje, me apasionan los zapatos, disfrutó mi maternidad (hay días que también la sufro), no me molesta que me digan que soy hormonal, a veces me gusta echar el chisme, me gusta cocinar y una larga lista de cosas ordinarias, que resumo en un etcétera.

Otros días me topo con que no quiero ser sólo ama de casa, deseo seguir con mi vida profesional, salir con mis amigas, me niego a vivir mis roles con sacrificio para reconocerme como buena madre y mujer abnegada. En ocasiones quiero liberarme del “deber ser” y todo eso que nos impuso la sociedad, por qué vaya que nos cargaron la mano con tanta exigencia. No culpo de lleno al sistema machista opresor  (jaja), algunas cosas que definen mi género, las vivo en total libertad y todo aquello que impuso la sociedad, trató de desecharlo y a veces conciliarlo para intentar ser una mujer plena.

bubbles-1038648_1920 (1)En estos tiempos todo se ha polarizado; nos dicen que ser madre y estar en casa es malo y que no te define como mujer y no, quizá no. Nos definen mil cosas, ¿Pero qué tiene de malo vivir plena en el hogar o elegir ser feliz en la oficina? Aunque ya no sabemos qué rumbo tomar, lo ideal es satisfacernos a nosotras mismas. Ese es el verdadero reto y lo que nos puede hacer únicas. Cuando vivimos satisfechas con nuestras decisiones el mundo puede girar y a nosotras no se nos mueve un cabello.

Para ser diferentes no es necesario escalar el Everest, o bueno si lo deseas escalar y te hará feliz, hazlo. Lo que nos diferencia de otras es vivir en paz con uno mismo, amarte, creer y confiar en ti. Podemos ser factor de cambio a pequeña o gran escala, desde nuestro entorno; familia, amigas, hijos, pareja. Vivir nuestras batallas y aprender de cada experiencia para encontrar las oportunidades. Lo importante es poner en equilibrio todas esas pelotas con las que hacemos malabares día a día.

Ante tremenda disyuntiva, yo he optado por ser una mujer ordinaria con pensamientos extraordinarios;  disfrutar de las cosas simples y marcar la diferencia con opiniones y acciones, que quizá no cambien el mundo pero me reconforta hacer eco en algunas personas. Respeto el derecho de cada mujer a decidir que puede hacerla diferente u ordinaria, qué la hace feliz y plena. Lo importante es buscar qué le da sentido a nuestras vidas, cuándo encuentras la respuesta tus objetivos son más claros y los resultados mas satisfactorios. ¿Qué le da sentido a la tuya?

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