La vocación mexicana de victimización

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El tema de estereotipos es amplio, hay tela de donde cortar. Ya he hablado mucho sobre la belleza estereotipada, la necesidad de diversidad, la maternidad encasillada. Pero algo sobre lo que no he escrito es sobre el estereotipo mexicano de la víctima y ahí hay bastante que analizar.

Para decirlo coloquialmente, nos encanta sufrir y tirarnos al piso, además realmente se nos da, está impreso en nuestro código genético; hay muchas películas, libros y ejemplos que lo documentan e ilustran. Ahora bien, hay personas que se vuelan la barda, digo – una mala temporada la tenemos cualquiera – ya que sea un modo de habitar el planeta es otra cosa.

Todos hemos conocido a lo largo de nuestra vida a gente que es el perfecto estereotipo de victimización, y uno al principio cae porque somos buenas personas pero de verdad que este tipo de perfil no tiene llenadera, todo el tiempo quieren que “estés ahí para ellos”.

Ser víctima siempre es una mega zonotototota de confort porque de esa forma la culpa la tienen en todos los casos los demás y nunca ellos. La gente que tiene este discurso se queja permanentemente de todo, siempre el resto de la sociedad estará en deuda con ellos. Por ejemplo, quienes constantemente dicen que el gobierno tiene la culpa de todo sin asumir su responsabilidad ciudadana o el muy cuestionable discurso feminista que afirma que el hombre y el patriarcado nos tiene oprimidas, sin siquiera ponerse a ver la responsabilidad de la madre que educa a ese tipo de personas y perpetua el machismo.

Es cosa mala esto de la victimización porque contiene diversos rasgos negativos. Enojo, envidia, coraje, mediocridad, manipulación.

Muchos mexicanos son envidiosos de lo que los demás tienen o han logrado y no solo eso sino que se enojan por ello. Siempre dicen “¿por qué esa persona tiene eso y yo no?” “por qué a mí no me dieron y a él sí?”, “¿por qué otros tienen amor y yo no?” “¿por qué a esa mujer le va bien si es de esta u otra forma?” y así constantemente…con todo. Neta qué hueva. ¿Se imaginan tener que estar viendo todo el tiempo lo que los otros tienen y yo no?.

Con esto viene el enojo, porque se tiene la sensación permanente de injusticia. “Qué injusto que ese grupo logre esto, que mi pareja esté en tal posición, que mi colega tenga esto otro, debería de ser para mí, esto es mío y de nadie más, ¿por qué lo tocas?”. Todo es una injusticia, todo siempre es en su contra. Es un pensamiento que considera que todo lo merecen por obra y gracia de la divinidad sin importar su actitud o sus acciones en la vida.

Esto los hace generalmente ser personas mediocres que se tienen que adornar de más pero que no destacan; los estereotipos ilustran un común denominador.

Y por último son manipuladores. Chantajean, lloran como Libertad La Marque o Chachita en Nosotros los Pobres siempre exhibiendo sus percances, desgracias, enfermedades, tragedias, lo mucho que luchan en la vida y nomás nada les sale y ahora con las redes sociales pues tienen el escenario perfecto. Exhibir esto es una forma de hacer que los demás se acerquen y les ofrezcan ayuda, ayuda que luego no agradecen porque como ya lo señalé siempre creerán que es obligación de los demás. Si un estado de felicidad permanente es irreal esto es el polo opuesto también fuera de la realidad. A colación, algo que he estado observando es que hoy está de moda hacer y decir jaladas, vivir en el drama total y actuar con maldad y luego apelar al discurso de empatía para justificar esta forma de ser.

Yo no puedo ser tolerante con el discurso de odio de una persona hacia otra solo porque debo ser empática. Si alguien quiere fastidiar y joder a otro ser humano ¿cómo espera empatía?.

Este estereotipo mexicano es uno de los más dañinos que pueda existir en nuestra sociedad, es uno a nivel macro pero que todos tenemos cerca, día a día, gente que camina al lado de nosotros, que puede ser un familiar, amigo, pareja, hijo… o nosotros en un espejo.

Este texto no es para quienes lo son porque nunca asumirán nada. Es para nosotros, los otros que podemos caer en eso por nuestra vocación melodramática. No seamos un estereotipo.

 

Aline Ross
Aline Ross

Soy comunicóloga, estratega experta en opinión pública y problemáticas sociales, actriz y fundadora de @lanave_teatro. Investigadora apasionada del ser humano, mexicana con alma irlandesa y vasca, espíritu del norte. Amo cantar, leer, actuar y el silencio. Observo todo el tiempo a la gente, colecciono personajes que encuentro en las calles y en diferentes lugares, amo la lluvia, el frío y las seis de la tarde. Las letras me llenan el alma todo el tiempo; son como un fuego intenso que habita en mí, estas ideas que me dicen: “¡escribe!” y entonces todo brota como un incendio. Prefiero el teatro al cine, el arte contemporáneo al clásico, las grandes ciudades a los mares. Soy de las que ha soñado y trabaja arduamente por un mundo justo abierto e incluyente donde amar sea válido para todas las personas.

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