Saber bailar con los demás

En los últimos años he estado reflexionando constantemente sobre este asunto de deberle algo a alguien e incluso he escrito un par de textos al respecto donde explico mi visión sobre devolver favores y lo que significan para mí; ahora quiero entrar en una dimensión más profunda, más de actitud. Es un concepto extraño lo de “deber” pero creo que sí es necesario saber ser recíprocos con las personas; el término es diferente. Cómo asumimos nuestra responsabilidad para con los demás me parece que es un tema clave en la evolución social. Todo mundo habla y habla de cómo deben actuar los demás; lo cierto es que muchas veces terminamos comportándonos como nos educaron nuestros papás, con su ejemplo.

Y eso yo lo noto en las personas con las que me relaciono y por supuesto en mí. No se puede ocultar la cepa o como le quieren llamar; por supuesto no hablo de clases, hablo de valores, actitudes, postura frente a la vida, forma de tratar a los demás. Por sus acciones los conoceréis. Y claro, todos nos equivocamos, la regamos, pero es en el comportamiento habitual y casi impalpable donde observas las consistencias, las redundancias y sabes cómo alguien es, es ahí en el día a día donde están las claves.

La reciprocidad es una cuestión casi intangible. Una relación, sea de pareja, amistosa o familiar y hasta con desconocidos, es casi como bailar, como ir a un compás, pensando en no pisar al otro, en no dañarlo, en bailar juntos, en ayudarlo a dar sus vueltas, no se contabiliza, no se puede, se siente y se agradece el cuidado, el pensar en el otro y que ese otro piense en ti y actúe en consecuencia.

Por eso en las tribus existen las danzas colectivas, las danzas donde todos entran en un trance y van a un hermoso compás, todos a un ritmo sintiendo a los otros y eso garantiza que el colectivo esté bien. si uno de ellos hace sus propios pasos se afecta el grupo.

Este tipo de desfase es muy visible en nuestras sociedades occidentales, cada quien piensa en su propio interés actuando conforme a lo que le conviene, aunque diga que es por otras razones y esto es algo que he estudiado mucho en mi quehacer profesional.

Por ejemplo, si yo tiro un papel a la calle porque lo traigo en mi carro, no estoy pensando en el otro que sí lo tira en un bote, no estoy siendo recíproco con aquellos que sí cuidan la limpieza de nuestra ciudad, pero además afecto al colectivo porque no dimensiono la gravedad de mis actos y lo mucho que afectaré la ciudad, sólo pienso en mi carro… ¿qué pasa?, cuando hay lluvias todo se inunda porque mi ejemplo impacta en muchos. Ese es un acto que afecta a gran escala, pero los pequeños actos que inciden en los pequeños grupos son también fáciles de detectar e impactan sea en positivo o para mal.

Cuidar a los demás en toda la dimensión de la expresión – no solo a ratitos, no solo por momentos o un día, cuidarlos cuando ni siquiera se den cuenta que lo estás haciendo, aunque no estés físicamente presente – es algo sobre lo que hace mucha falta sensibilizar. Si hemos escuchado sobre el efecto mariposa podemos explicar cómo una de nuestras acciones modificará algo más allá de lo que podamos pensar y es aquí donde debemos bailar con los demás. Reciprocidad es yo soy tú, tú eres yo. No se trata de no actuar por estar pensando siempre en los otros, no; se trata de actuar y hacer sin afectar negativamente a los otros.

Desafortunadamente el egoísmo es uno de los grandes males de nuestros tiempos y tenemos que trabajar para cambiar eso. Generando conciencia, sensibilizando haciendo ver a los demás y viendo en nosotros mismos lo mucho que afectamos a otros cuando solo pensamos en nuestros intereses personales. Todos formamos parte de un grupo, un colectivo macro llamado humanidad, uno que se llama sociedad mexicana, otro que se llama familia, grupo de trabajo con los colegas, empresa, bandita de amigos, etc. somos parte de muchos grupos. No podemos estar pensando solo en nosotros mismos. Debemos asumir responsabilidad.

¿Cómo reconocer a quienes no son recíprocos? ¿a quienes no saben bailar junto con los demás? ¿cómo saber si somos uno de ellos?…

  1. Siempre están pidiendo algo a los demás. Pareciera que todos les deben algo. Estas solicitudes son constantes, no paran y van desde hazme el trabajo, atiéndeme, hasta dame dinero, préstame, cúbreme, responde por mí, sácame del hoyo, invítame, defiéndeme, llévame, tráeme, hazme, cárgame, sopórtame, etc.
  2. No saben recibir retroalimentación, no reconocen sus errores, siempre se justifican para salir bien librados y claro sienten que son muy inteligentes porque pareciera que lo lograron, pero quienes están perdiendo posibilidades son ellos.
  3. Querrán dejar mal a sus jefes, amigos, colaboradores, familiares y harán sentir a los demás que los errores siempre están de su lado, nunca del de ellos.
  4. No les importan realmente los otros, y se nota en acciones que ni ellos mismos ven. Es muy visible por ejemplo en compromisos colectivos, sean compromisos ciudadanos, de trabajo, pero también en relaciones personales. Las evidencias brotan cuando se nota que en realidad les importan un pepino los demás. Son egoístas pensando que actúan conforme a lo que está bien cuando realmente actúan a conveniencia.
  5. No construyen o tienen relaciones duraderas, ni de trabajo, ni personales, siempre se están peleando y por eso siempre están hablando mal de alguien; nuevamente del jefe, del hermano, de la esposa, del amigo o del vecino… de quien sea.
  6. Buscarán quién los valide, los trate como víctimas y les diga “pobre nadie te comprende” o “claro actúas así porque estás pasando por esto o lo otro”.
  7. Cuando la sociedad les hace ver que su actitud afecta a otros y está mal, se bloquean o se dan la media vuelta y se van porque no toleran que les muestren la realidad. No hay manera de que se den cuenta de que están mal.

Todos son rasgos muy de nuestra cultura y puedo apostar que todos seguramente conocemos a personas que actúan así, incluso seguro reconocemos algunas de estas actitudes en nosotros mismos (deberíamos). El ser humano puede ser realmente egoísta, el problema crece cuando esto es constante y va junto con pegado. Justificaciones para ser así hay muchas. Lo cierto es que esto daña mucho a la sociedad y atrasa el tipo de cambio y mentalidad que soñamos construir.

Aprender a bailar juntos es esencial para nuestra supervivencia como especie y nuestra evolución como colectivo de humanos. Debemos aprender a ser verdaderamente recíprocos con la gente que nos rodea porque todos dependemos de todos. La reflexión es, si no podemos hacerlo en corto con nuestro círculo más cercano, nuestros allegados, la gente que nos quiere, que ha estado ahí para nosotros, ¿cómo vamos a poder hacerlo en un nivel más macro?. Mucho que reflexionar respecto a salud mental, valores, y cambios actitudinales. La tarea es personal.

Aline Ross
Aline Ross

Soy comunicóloga, estratega experta en opinión pública y problemáticas sociales, actriz y fundadora de @lanave_teatro. Investigadora apasionada del ser humano, mexicana con alma irlandesa y vasca, espíritu del norte. Amo cantar, leer, actuar y el silencio. Observo todo el tiempo a la gente, colecciono personajes que encuentro en las calles y en diferentes lugares, amo la lluvia, el frío y las seis de la tarde. Las letras me llenan el alma todo el tiempo; son como un fuego intenso que habita en mí, estas ideas que me dicen: “¡escribe!” y entonces todo brota como un incendio. Prefiero el teatro al cine, el arte contemporáneo al clásico, las grandes ciudades a los mares. Soy de las que ha soñado y trabaja arduamente por un mundo justo abierto e incluyente donde amar sea válido para todas las personas.

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