Cuando vi el tema de la semana (Una ayudada) pensé inmediatamente en esta canción tan hermosa -cuenta conmigo- y me pareció ideal escribir sobre el significado de ayudar en tres diferentes niveles, así que aquí voy con mucha esperanza de incentivar reflexiones.

1er nivel: Ayúdate

Ya sé, suena a libro de Coelho o de esos de Pare de sufrir pero lo que sí es muy real es que si no trabajamos en este nivel, todos los demás no son posibles. Ayudarnos nosotros mismos para mí significa aprender a amarnos, a definir lo que queremos en nuestra vida, lo que no queremos, conocer nuestras emociones, poner límites. Pero está el otro lado, el que muchas veces no vemos porque, seamos honestos, nuestra mente está entrenada para resaltar lo malo, para despotricar, para destruir, para criticar. Y lo hacemos, nos miramos en el espejo y pensamos cosas terribles de nosotros mismos. Entonces, el otro lado es darnos permiso de extender nuestras alas, darnos permiso de decir, “eres luz, eres bondad, tú puedes, creo en ti”. Perdonarnos cuando sabemos que hemos cometido un error, cuando sabemos que hemos lastimado a otros sin pensar, o que nos hemos hecho daño a nosotros mismos.
Sé que suena simple… porque lo es. Lo más simple es lo que muchas veces perdemos de vista porque estamos saturados y llenos de ruido, así que esto es como volver a lo básico, enfocarse en lo esencial, quitar las sobras.
Ser juiciosos con nosotros mismos no ayuda, ser autocríticos nos ayuda a crecer como seres humanos, ser bondadosos y amorosos con nosotros mismos nos ayuda a vivir en paz.

2do nivel: Ayúdate que yo te ayudaré

Dicho de otra forma, ayuda a los demás pero no les resuelvas la vida. Qué difícil cuando tienes tantas ganas de dar, no caer en intentar resolver problemas. Una forma de apoyar a otro es guiarlo o darle algún impulso leve, pero no estar ahí solucionando todo por esa persona. Cuántas veces hacemos eso y lo que pasa es que no hay aprendizaje del otro lado, no hay evolución; apoyar también es acompañar y creer que las personas pueden salir del bache ellas mismas. Esto pasa mucho con los hijos, enseñarles que ellos solos pueden es lo mejor que podemos darles. Significa acompañar. Muchas veces no podemos ser más que acompañantes en la vida de los demás y eso ya es algo, eso, ya es mucho.

Hace poco leí un estudio que decía que lo que más feliz hace a un ser humano es dar. Yo conozco a gente que no mueve un dedo por el otro. No son capaces de pensar en nadie, están llenos de egoísmo y no se inmutan de ninguna manera ante nada, ante ninguna pena, ante ningún dolor ajeno; se volvieron cómodamente insensibles lo cual equivale a ser una especie de zombie porque, sí, estás protegido pero al mismo tiempo no sientes nada, nada de nada, nada te cimbra, nada te conmueve. Este es el punto que debemos evitar a toda costa. Las heridas que cargamos sirven si son aprendizajes para cuidarnos, para resguardarnos pero no deberían ser nuestra condena hasta llegar al punto en que no sintamos nada y perdamos nuestra humanidad.

3er nivel: Ayudar al mundo

Una vez alguien hace muchos años me dijo que quién me había hecho creer que una acción mía podía cambiar el mundo… que quién me había dicho que yo podía sentirme tan importante para pensar así. Nadie me lo dijo, me lo enseñaron mis padres con su ejemplo y más adelante simplemente hizo sentido. Cada uno de nosotros, en distintos niveles de intervención somos relevantes, juntos hacemos un todo; una acción mía es un ejemplo, ayudar a una persona extraña en la calle, dar el paso, sonreír a alguien triste… cada acción cuenta. Esto no significa que yo me sienta superior, tampoco significa que me piense que soy perfecta y un dechado de virtudes, o que me crea la Madre Teresa. No, significa que asumo mi responsabilidad y lo que aporto con mi existencia en este planeta y comprendo que por vivir y respirar aquí ya incido. Quien no lo asume y guarda distancia pensando que no tiene una postura al respecto está teniendo en sí una postura, la de hacerse de la vista gorda, la de no actuar.

Seamos unos locos, creamos que podemos cambiar las cosas, de verdad se ha exagerando nuestra insignificancia. No porque tengamos imperfecciones o errores, caídas, recaídas, fisuras, heridas, dejamos de tener la capacidad divina de brillar. Actuemos para mejorar nuestro mundo, actuemos para mejorar la vida de los demás seres, actuemos para construir, no para destruir.

En síntesis, es importante que yo me pare por mí misma, que yo responda por mí, porque al hacerlo puedo responder por ti y si todos hacemos eso hacemos una cadena que hace que el mundo sea mejor. Es propagar la amabilidad, la bondad, es desperdigar los pensamientos constructivos, es construir la fe y hacer que todos regresemos a nuestro lado luminoso. Yo creo y podré tambalearme, podré dudar, podré caer pero al final nada me hará dudar.