No seas Porky

Misoginia, tan metida en nuestro ADN social, tan normalizada, tan invisible y al mismo tiempo tan brutal.

Sigo en shock gracias al #juezporky, la “estrella” mediática del momento (antes del premio de periodismo a Esteban Arce ayer), la joya de la corona de una semana llena de noticias insultantes y negras entre las que se encuentran asesinatos de periodistas, la liberación de otro violador, feminicidios… mientras nosotros tomamos nuestra sopa o el postre.

Todo el asunto es muy ofensivo, lo que más me ha consternado es la reacción de la gente. Alguien tuvo a bien buscar al sujeto en alguna red y se encontró con fotografías de su familia, una en particular empezó a circular de manera totalmente irresponsable en las redes sociales. Muy pronto se compartió en montones de timelines de tuiter y facebook. Y es que cuando los demonios se desatan difícil es pararlos, pero necesitamos reflexionar. No estamos hablando de una fotografía cualquiera, en esta salen las hijas y la esposa del señor.

Misoginia, de acuerdo a la Real Academia de la Lengua es aversión a las mujeres y esta genera violencia contra la mujer en múltiples formas. Que unos tipos hayan subido a una menor de edad a la fuerza a su carro, manoseándola y violándola es misoginia; que un pseudo juez haya dado un amparo para liberar a uno de esos tipos argumentando que no fue con intenciones lascivas, es misoginia, y que montones de mujeres y hombres hayan pedido que a sus hijas y esposa se les haga los mismo, es señoras y señores: MISOGINIA. 

El origen es el mismo, la idea es la misma aplicada a situaciones diferentes, pero en ambas se piensa que hay que violentar mujeres sea por venganza o por lo que sea, sea porque es normal así nomás soltarlo en las redes, porque seguro a ninguna persona se le va a ocurrir en su coraje y enojo (ya que según es muy válido estar enardecidos) ir a buscar a esas niñas o su mamá y hacerles algo. Total, ya hemos linchado policías incendiándolos, qué más da.

Aguas, somos muy buenos para juzgar igual que el porkyjuez al mismo tiempo que actuamos exactamente igual yéndonos contra dos pequeñas, exponiéndolas, violando su privacidad, sí, violando, como los Porkys; es la misma concepción del mundo.

Dos cosas más pasan con este caso, la primera, muchos diciendo “¿qué no tiene hijas este sujeto?”. Gente, nuevamente, si tuviera hijos varones ¿no sería lo mismo?, ¿la misma desgracia? Porque les está enseñando que a una mujer se le puede violentar sin que pase nada, porque les está heredando un comportamiento misógino, machista y retrógrada y un país donde puede pasar lo que sea a las mujeres y donde ellos como hombres pueden tomar a cualquier mujer y subirla a su carro para hacer lo que les venga en gana por decirlo claramente. Por favor reflexionen, si hablamos de violencia contra las mujeres se debe involucrar a todos, si no hacemos a los hombres parte de esto jamás se va a resolver el problema. En otras palabras ellos también importan e importan mucho (busquen la iniciativa #Heforshe por ejemplo).

La segunda, se desvía la atención de lo más relevante, los Porkys, el juez, el sistema obsoleto de justicia, la violencia exacerbada en Veracruz, no las niñas, ni la esposa ni su venganza misógina difundida en tuiter. Ustedes desvían la atención cuando todos tenemos que estar exigiendo y reclamando a las instituciones dedicadas a la protección de las mujeres y a la impartición de justicia que se revise el caso y se suspenda o despida a esta persona.

Afortunadamente el grito de otros funcionó, a Anuar González Hemadi se le ha suspendido por el momento y de verdad deseo que nunca más ejerza pero Diego Cruz, el violador de Daphne aún sigue libre igual que sus otros amigos y eso es lo que debe ocuparnos más como sociedad. Demandemos justicia para Daphne hasta que se encierre a sus violentadores y cambiemos nuestra forma de pensar o solo estaremos criando y dándole poder a más Porkys.

 

Aline Ross
Aline Ross

Soy comunicóloga, estratega experta en opinión pública y problemáticas sociales, actriz y fundadora de @lanave_teatro. Investigadora apasionada del ser humano, mexicana con alma irlandesa y vasca, espíritu del norte. Amo cantar, leer, actuar y el silencio. Observo todo el tiempo a la gente, colecciono personajes que encuentro en las calles y en diferentes lugares, amo la lluvia, el frío y las seis de la tarde. Las letras me llenan el alma todo el tiempo; son como un fuego intenso que habita en mí, estas ideas que me dicen: “¡escribe!” y entonces todo brota como un incendio. Prefiero el teatro al cine, el arte contemporáneo al clásico, las grandes ciudades a los mares. Soy de las que ha soñado y trabaja arduamente por un mundo justo abierto e incluyente donde amar sea válido para todas las personas.

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