Los olvidados de Luis Buñuel

Hoy les quiero exponer la aportación de Luis Buñuel al cine mexicano a través de su película Los olvidados, el impacto que tuvo en su momento y su perdurabilidad a través de los años. Se puede decir que Buñuel hacía trabajo social con este tipo de cine.

La película enfrentó críticas severas por parte de personalidades destacadas y sectores de la sociedad mexicana, al mismo tiempo que era galardonada en festivales internacionales. Justamente en esas críticas, Los olvidados encuentra uno de sus mayores triunfos. Muchos decían que la película “no es México”. Ciertamente no es la imagen de todo lo que es el México de los años 40 y 50, pero sí refleja una de sus partes más dolorosas, más olvidadas, más insoportables. La ventana a la que nos lleva Buñuel permite asomarnos a una visión de los desposeídos distinta a la que promueve el cine mexicano comercial del momento, que está habitado por héroes pobres honestos, glorificados en su sufrimiento y que enfrentan su presente adverso. Héroes pobres que, las más de las veces, triunfan sobre ese destino.

Los pobres de Buñuel no son ni dignos, ni honestos, ni inmaculados; más bien son seres crueles y violentos a la “mala”, empujados por su origen y por ellos mismos hacia la fatalidad, sin la menor posibilidad de que el “milagro mexicano” les ofrezca mejores condiciones de vida.

Esa visión del México urbano profundo, ahogado por la modernidad posrevolucionaria y la prosperidad del milagro económico mexicano, plantea un parteaguas en la cinematografía nacional. Los personajes de Buñuel destruyen y se autodestruyen. Es interesante ver el papel que juega el consumo de alcohol. En algunas cintas de la época, el alcohol es el vehículo para avivar la imagen del hombre fuerte, del macho que no se detiene ante ningún peligro, o es el detonador de la alegría y la comicidad de los mexicanos (por ejemplo, en papeles como el de la tostada y la guayaba en Nosotros los pobres). Para Buñuel es uno más de los factores que acentúa el ambiente desolador en que viven los olvidados.

Las pocas opciones para cambiar el negro presente también chocan con la realidad. Para los pensadores ilustrados y liberales, la educación es el medio para la superación individual y colectiva de las masas desprotegidas. Sin embargo, este elemento se ve obstaculizado por el medio hostil que no sólo envuelve, sino que recrean los personajes.

La percepción de Buñuel no deja cabos sueltos. La miseria también está alimentada por la incapacidad de la ciudad de México para ofrecer una vida digna a los cientos o miles de inmigrantes del campo que día a día llegan a la gran urbe, bajo el influjo de la prosperidad urbana.

Buñuel lleva hacia la superficie ese México profundo, esa parte de la sociedad mexicana que permanece oculta bajo el manto de la estabilidad política y económica del sistema surgido del triunfo revolucionario. Su denuncia social hecha película toca otras fibras sensibles: la madre que no ama al hijo, cuando la “madre mexicana” en la conciencia colectiva y en la cinematografía nacional siempre se había caracterizado por ser la mujer sufrida, abnegada y amorosa que da la vida por sus hijos, sin importar absolutamente nada. Además, esta madre no sólo no ama a su hijo, sino que se atreve a tener relaciones sexuales con él.

La historia le dio la razón a Buñuel, no a los detractores de Los olvidados. La prosperidad posrevolucionaria se ha agotado y ahora crece alarmantemente el número de olvidados, justo cuando nos dirigíamos por los caminos de la modernidad y directo hacia el primer mundo. Las páginas de los periódicos se llenan de historias que acercan más a nuestra sociedad con esos olvidados de Buñuel que con los estereotipos pobres del cine nacional de la década de los años 40 y 50.

La fatalidad que lleva consigo las acciones que toman los jóvenes olvidados y el mundo que recrean, resumida en las palabras finales del personaje ciego: “que vayan cayendo uno por uno”, encierra la única posible solución que ofrece la sociedad en su conjunto.

En esta percepción de la sociedad Buñuel también es sumamente agudo y muy actual. Ante la creciente violencia que prevalece en nuestra vida diaria, una parte razonable de la sociedad mexicana encuentra la única solución en las medidas represivas, en la “mano dura”, en acabar con el problema de raíz, sin concebir que nuestra sociedad lo reproduce continuamente. No importa cuántos caigan; atrás de éstos están otros más que seguirán el camino.

Mariana García Olsina
Mariana García Olsina

Soy comunicóloga y mi amante es el cine. Ante todo soy escéptica por naturaleza. Soy curiosa, realista y racional (critico todo), la disciplina es el faquir que llevo dentro. Soy tranquila y paciente (nunca pierdo mi centro). Me adapto fácil a las situaciones y soy pragmática. Soy irónica y a veces rayo en el sarcasmo, lo que más me gusta es reírme de mi misma. Creo en la amistad con honestidad y reglas claras. Lo que más me gusta en la vida es viajar.

1 Comentario
  1. Te falto mencionar el tema principal es muerte y sexualidad además de que se filmó un final alterno donde El Niño regresa a la escuela. Si no mal recuerdo se basó en una nota periodística donde encontraron un niño muerto en los tiraderos de basura, cosa que no ha cambiado en Acapulco y Veracruz véanse las notas en 2015 y 2016,
    Cabe mencionar que se asesoró con Dalí y Lorca para ciertos aspectos de la película, Dicen que Dalí odiaba y alucinaba México porque podía ser más surrealista en la realidad que el en sus sueños. La importancia es que es atemporal y la revolución, él nacionalismos y el PRI no han cambiado la vida de muchos

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