Mi primera vez en el ginecólogo

Desde la primera vez que fui al ginecólogo, hace prácticamente 20 años (más-menos) ¡wow, ya hablo en décadas! Bueno, estábamos en mi primera vez en el vine, la verdad es que nunca me causó conflicto que fuera hombre.

Por supuesto que fui acompañada de mi mamá, de hecho la visita la solicité yo y cuando le dije que iría, ni siquiera preguntó si me podía acompañar, simplemente dijo, “ok, ahí estaremos”. Plop.

Realmente no recuerdo cómo fue la visita, sin embargo, lo que jamás voy a olvidar es cuando el doctor dijo “bueno, todo en orden, alguna otra duda” y yo con mi sonrisa de boba le dije “sí, me puedes recetar unas pastillas anticonceptivas”.

Mi madre palideció, volteó a verme y gritó ¿pastillas anticonceptivas?. Yo sentí que las patitas se me doblaban, pero como estaba sentada nadie notó nada. Yo muy serena (aunque por dentro sentía un hoyo en la panza) respondí “Si anticonceptivos, o ¿quieres ser abuela en los próximos meses?”

Antes digan que no me soltó un bofetón ahí frente al doc, quien por cierto muy sereno y en silencio total escribía en una receta, al terminar me dijo, “aquí está tu receta, si te sientes mareada o te duele la cabeza me llamas y nos vemos en tres meses”.

Cuando nos paramos mi mamá y yo pensé “y ahora cómo me voy a regresar con ella a la casa, porque de ésta no me salvo”. Contrario a todo, nos fuimos en silencio, obvio que ese silencio fue más rudo que una gritoniza monumental, misma que hubiera preferido, la verdad.

Nunca más tocamos el tema. Nunca más me acompañó al ginecólogo, hasta que estuve embarazada de mi hijo, como 13 años después.

Entiendo que le haya caído de peso mi comentario, pero la verdad es que me confundió su actitud, porque ella siempre me decía que yo debía cuidarme, que yo debía hacerme responsable de mi cuerpo, y sobre un embarazo no deseado hasta tenía pesadillas de todo lo que me decía.

Ahora que soy mamá, entiendo perfecto que hacer el cruce del discurso a la realidad tiene su chiste y no resulta tan fácil ni glamoroso como parece cuando hablamos, por ejemplo cuando dices y dices que la violencia no se combate con violencia y viene tu crío de tres años llorando porque un niño le pegó/mordió/rasguñó/quitó su juguete, y sentimos que nos hierve la sangre y queremos ser nosotras quienes ir a reclamar al otro pobre chamaquito.

El tema de ir al gine por primera vez, es como embarrarle en la cara a nuestras madres que ya no somos su niñas chiquitas, que nuestro cuerpo ya no es más un territorio al que sólo ellas puede acceder, pero sobre todo, es una declaración total de “estoy teniendo sexo”.

Y al parecer, hasta a la más progre de las mamás eso le puede caer como bomba, como a la mía, que estoy segura el corazón el dio un vuelco en ese momento.

Ahora yo tengo dos hijas, sí ya sé lo que están pensando y a veces, yo también pienso lo mismo, sin embargo, al mismo tiempo pienso que las mamás no podemos tapar el sol con un dedo, que tenemos que tener claro que nuestras hijas eventualmente tendrán sexo y no, no soy de las que piensa “bueno cuando tenga su marido ya no me agobia”, porque yo no estoy criando niñas para el matrimonio.

Yo tengo claro que quiero mujeres libres, capaces de tomar sus propias decisiones, y en esas decisiones van también las que conciernen a su cuerpo y esto a su vez incluye el sexo.

Aún no entiendo porque las personas pensamos a nuestras madres/padres y a nuestras hijas o hijos como seres asexuados, creo que lo mejor será entender y no perder de vista que ese momento llegará y si las tendencias son ciertas, seguramente lo harán mucho antes que el promedio lo hacía cuando yo era una adolescente.

Así que más me vale estar lista y no dormirme en mis laureles de “todavía falta mucho tiempo”, porque el tiempo vuela y siento que si me confío entonces sí me van agarrar en curva, en cambio si las preparo y me preparo para ese momento, espero poder transitarlo más como una acompañante que como una autoridad a la que sin duda no le van a pedir permiso ni para ir al ginecólogo y mucho menos para tener su primera vez.

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