Amor a la velocidad

El jueves por la noche asistí a la conferencia de prensa en el Museo Jumex de USB patrocinador del equipo de F1 Mercedes AMG PETRONAS en la que el piloto Nico Rosberg develó su auto con el logotipo Guggenheim Art Global, una exposición que va a diversos museos con 40 obras de artistas de países distintos.
Mientras hablaba Nico deseé ir al Gran Premio y verlo correr en ese coche. Me cayó excelente hablando en español y súper seguro de ganar la carrera.

Guapísimo, chaparrito, sencillo y chistoso. Sí, suspiré por verlo levantar el trofeo el siguiente domingo.
Salí de ahí a las 9 pm y a las 11 me marca mi hermano, nunca imaginé sus palabras “Tengo dos boletos para mañana, quiero invitarte a ti y a Max ¿pueden?”. “¿Que si puedo?, bueno cancelo todo y me voy corriendo”
Es la segunda vez que quiero algo y solito llega. Dormí emocionadísima porque al día siguiente reviviría tantos recuerdos en el autódromo Hermanos Rodríguez.
Crecí con un papá fan del Fútbol Americano y de la Fórmula Uno. En el 86 en el primer Gran Premio de México, en el que ganó Ayrton Senna, al final de la carrera aventó su gorra directamente a mi papá.

Sobra decir que es una reliquia y mi hermano se la llevó en esta ocasión. Pero eso hizo que a los siguientes Gran Premios en México fuéramos cual peregrinación con mi papá, mi hermano y yo.

Amo la velocidad. No por nada mi mejor amigo me llamaba Fitipaldi y sí, confieso con pena que me he aventado carreritas en el periférico y las he ganado. La adrenalina me mueve impresionante y volver a estar frente a más de veinte motores F1 es una experiencia increíble.
Extrañé a mi papá, me imaginé perfecto que estaría con sus binoculares y programa estudiando las estadísticas de cada uno de los pilotos, diciéndole a Max por qué Nico Rosberg era el favorito y por qué aunque ganara las siguientes carreras ya no le podría arrebatar el primer lugar a Hamilton.

Tomaría con su cronómetro el tiempo que tardan en los pits y le volvería a contar cómo es que el mejor piloto de todos los tiempos le aventó su gorra.

Odio que no esté en momentos así.

Pero mi hermano y mis hijos tienen una conexión desde chiquitos. Siempre lo han tenido presente y se quieren aunque no se vean tan seguido. Me encanta que le digan el tío “Cuakis”.

El viernes pasado fue genial entre muchos amores, mi familia, la velocidad, el sonido impresionante de los motores y la presencia de mi papá.
Me siento muy bendecida y muy amada. Y mi sonrisa tan grande así como para comercial patrocinado por Colgate.

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