Mis noches

Hubo una época en que la noche era mi mayor problema, ni bien comenzaba “la hora gris”, ese momento de la tarde en que aún hay luz, pero todo se ve del mismo tono, gris; pues a esa hora yo comenzaba a temblar.

Invariablemente un ataque de ansiedad me invadía, me resultaba imposible respirar normalmente, tenía que esforzarme por llenar los pulmones y si alguien me preguntaba qué tenía, el temblor era tal que no podía hablar fluidamente.

Las cosas empeoraban si, como ha sucedido en los últimos días, caía alguna intensa lluvia o de plano una tormenta, sabía de antemano que no dormiría hasta que fueran las 5 de la mañana, la tormenta hubiera pasado y la luz del nuevo día comenzara a aparecer.

Lo peor de todo, sí aún hay más, era sensación de que siempre me iba a sentir así, que el desasosiego jamás se iría, que nunca volvería a pasar una noche tranquila, vamos, que siempre me sentiría sola y desamparada.

Pero todo pasa, hasta la tristeza más profunda y el miedo más intenso, pasan.

Hace años que todo eso quedó atrás, ahora las noches son un momento de inmensa paz, a pesar de que tengo las mañanas para hacer muchas cosas, es en las noches en dónde me siento más a gusto, más tranquila.

Claro que no duermo tanto como antes, con tres criaturas es imposible, pero lo que duermo lo descanso, sin embargo, lo mejor de mis noches no es el sueño, no.

Lo que más disfruto en las noches es escribir y leer, a veces ver un poco de tele es algo que disfruto enormemente, pues prácticamente ya no veo ( o escucho) más que caricaturas o películas  infantiles o de superhéroes.

Hay noches en que ni bien mis hijos se quedan dormidos voy directo a la cocina a calentar agua, preparar un té y, casi siempre, sentarme frente a la computadora, justo como ahora estoy. A veces es para escribir algún texto, a veces para responder correos pendientes y otras veces sólo a tontear.

Hay noches que me llevo la computadora a mi cama y desde ahí, ya en pijama y también con un té en el buró trabajo hasta que el sueño me gana y me quedó con la maquinista encima.

En fin, mis noches son una delicia, mi momento de paz, el espacio de tiempo en que reviso lo hecho del día y casi siempre logro sentirme satisfecha por algún logro o varios, (#ayquétiene) según el día.

Ya luego después del ritual de limpieza voy cama por cama a ver a cada criatura, les doy un último beso, un abrazo bien apretado y susurro en sus oídos que los amo con todo mi corazón, y entonces mi propio corazón se va en paz a la cama.

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