De corazón

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Por Sara Maldonado*

Lulú ve corazones. Cuando me contó que los ve en todas partes nos reímos juntas, porque algunas veces también yo he mirado alguna planta en forma de corazón o en cualquier cosa se me aparece ese trazo que todos conocemos. No es que le andemos buscando esa forma a todo, simplemente nos topamos con ellos y es divertido. Pero Lulú (mamá de unos amigos) se los encuentra casi a diario y los relaciona con el amor, con algo bonito. Hasta ha llegado a pensar que es el anuncio de que todo irá bien ese día. ¿Quién no lo pensaría así? El amor y todo lo que relacionamos con corazones nos brinda alegría.

Basta con hacer la forma de corazón con las manos para que alguien te devuelva una sonrisa (acabo de comprobarlo). El amor nos eleva, nos transforma, saca lo más dulce y bueno de nuestro ser.

Recuerdo cuando en el club de lectura decidimos leer La elegancia del erizo, nunca imaginamos que la historia que cuenta nos cimbraría, al menos a mí.

“Me pregunto si no sería más sencillo enseñarles a los niños desde el principio que la vida es absurda. Ello le robaría algunos buenos momentos a la infancia, pero permitiría que el adulto ganara un tiempo considerable”, dice la protagonista. ¡Uff! qué fuerte, muchos brincaríamos con esta propuesta. Sobre todo cuando como papás o tíos –o lo que seamos– intentamos enseñar que la vida es bella, que actuemos con sinceridad, que respetemos, que luchemos y que también tengamos esperanza.

Pero hay que reconocer que a veces, el amor no es tan bonito; el amor también duele. “Me da miedo ir al interior de mí mismo y ver que ocurre ahí” narra la autora. Si nos asomáramos a nuestro interior, ¿cuántas formas de corazones nos encontraríamos, qué estaremos dibujando dentro de nosotros? ¿Qué trazos guardamos cada vez que alguien nos lastima?

¿Crees que es algo absurdo que Lulú vea corazones? El amor también lo es, pero si hay una cosa en el mundo por la que valga la pena vivir, amemos. Hagamos las cosas de corazón, no dudando en responder con buenas palabras, con una sonrisa. Qué difícil. Quizás esa es la parte en la que el amor duele. Cuando nos enfrenta a responder con una palabra blanda  a comentarios incómodos o cuando tenemos que ceder, que salir de nosotros y darnos, entregarnos todititos a algo o a alguien.

Con amor respondemos a momentos inimaginables o difíciles que a veces nos dejan como tontos, pero eso sí, nos dejan con paz.

Actuar sin amor nos proyecta como orgullosos, como que nos hacemos los interesantes. ¿Por qué entonces no hacernos los momentos más fáciles? ¿por miedo a parecer absurdos? Hay que esforzarnos por integrarnos en el círculo de nuestros semejantes. No basta con ser cortés hay que ser amable. El amor se le pone a todo. Eso no quiere decir que te pases la vida sonriéndole a medio mundo o dibujando corazones, pero se nota cuando actúas de buena voluntad, de corazón.

En otro libro que también me gusta, El arte de amar, Erich Fromm habla de los errores frecuentes en los que creemos que el amor es recibir amor y no darlo. Escribe: “amar es en realidad, un arte que requiere un proceso de aprendizaje”. ¡¡¡Cómo!!! ¿Que no era algo mágico? …Ahora comprendo.

Este camino de aprender a amar y a reconocer que amar es el equivalente a entregarse en maneras, en acciones, que a veces ni se notan, es un trabajo de todos los días. De ahí que por eso se lo decimos continuamente al novio, al esposo, a los hijos o entre hermanos y amigos. “Hice esto porque te amo”. “Me siento feliz porque me amas”. “Estoy contigo por amor”.

Decimos que el amor se siente porque un “te amo” nos hace sonreír. Decimos que nos enloquece porque hacemos cosas que habíamos pensado que nunca haríamos. Sentimos también que lastima cuando el ser al que amamos falla a alguno de nuestros ideales o a algunas de las formas en que pensamos debe amarnos o correspondernos.

Estamos confundidos, si no sentimos bonito significa que no amamos, por eso cantamos canciones románticas, por eso escribimos cartitas o mensajes de amor. Y el amor se proyecta en la mirada, en el rostro y con infinidad de acciones. A veces con el silencio.

Es ahí cuando podemos entender que amar, como seguramente ya lo sabes, ¡no es un sentimiento! es una decisión, una actitud y una forma de ser que nos rompe, que nos sorprende porque no es lo que dijimos que sería ni se acerca siquiera al ideal que imaginamos. Esa cosa del amor nos permite conocer qué estamos dispuestos a entregar y qué no. Lo que sí no es amar, es cuando la otra persona sólo recibe y nunca corresponde.

Algunas veces el amor tiene la cualidad de reconocerse de inmediato, al instante se asoma y a algunos los toma por sorpresa. La gente nota cuando actúas con amor. Tus hijos, aunque no lo expresen, saben que los amas. Tu esposo o esposa sabe que le amas. Te miran feliz mientras trabajas, cocinas o doblas la ropa, y pueden detectar que lo haces porque amas, aunque no lo digan. Así se aprende, así se hereda el arte de amar y de hacer las cosas de corazón.

Así como los corazones que ve Lulú, reconozcamos que todos estamos a la vista de quienes nos aman y de quienes amamos, y que constantemente tenemos la oportunidad de ser percibidos por el amor que damos en nuestro entorno, a la pareja, a los hijos, a los compañeros de trabajo. Nosotros elegimos cómo queremos ser vistos y si queremos o no entregarnos de corazón a lo que hacemos y a lo que decimos.

Cuando decidimos amar, hay paz en el corazón y al tumbarte, al hallarte descansando o pensando durante el día puedes mirar hacia tu interior y descubrir qué estás dibujando, de qué te estás llenando, qué estas dejando en el camino. ¿Qué estás heredando? Quizás eres tu la persona que va dejando esos corazones que sorprenden a Lulú, aunque parezca absurdo.

Avísanos si te encuentras algún corazón en tu camino: @diariostacones <3

La elegancia del erizo es una gran y fuerte historia, también la encuentras en película.

Gracias por invitarme.

*Sara Maldonado. Soy una soñadora. Al terminar la licenciatura en Ciencias de la Comunicación con especialidad en Periodismo, pensé en crear un periódico para niños y adolescentes. Comencé trabajando como reportera y luego editora en un periódico que considero mi escuela. Seguí estudiando edición y desde hace nueve años estoy colocando los cimientos de una casa editorial Maldonado Publishing House y de News for Kids & Teens www.iNewsforkids.com Amo lo que hago.

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