La excepción de la regla

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*Por Ana Paola Orozco

Hablando de mujeres por alguna cosa u otra, siempre terminamos hablando de príncipes azules. Hasta creo que una cosa viene con la otra, así como diría mi madre “junto con pegado”.

Por circunstancias de la vida y hablando de mujeres, últimamente me he detenido a analizar esa “cosa” que antes veía como parque de diversiones y ahora la veo como una maldición terrible que aqueja a todas las niñas; donde potencialmente veo una víctima llamada Constanza: mi hija.

Pregono siempre el ser responsable de los actos, asumir las consecuencias y no buscar culpables pero hoy, hoy haré la excepción a la regla y diré que la culpa del “junto con pegado” mujeres-príncipe-azul es de Walter Elías Disney (y obvio de la Grace que me invitó a escribir). Sí. Ese señor que con buena intención buscó crear diversión a través de príncipes azules y caricaturas, nos envió señales mercadológicas de espera y salvación.

No sé si tiene algo que ver con el ser identificadas como el sexo débil, pero constantemente envía la señal de vivir esperando: Esperando que alguien nos salve de las garras de la malvada bruja, esperando que nos rescaten de la torre más alta y olvidada del castillo, esperando que nos lleven el zapato que perdimos en la fiesta, esperando que alguien rompa el hechizo y por fin logremos ser felices o al menos, despertar de ese sueño profundo en el que estábamos.

El común denominador de las protagonistas en las historias del famoso señor, arriba mencionado, es que esperan a alguien. ¡Y claro! crecemos esperando que alguien nos salve cuando ni nosotras mismas podemos hacerlo o queremos hacerlo, entonces, nos aferramos a la idea de algún futuro valiente mesiánico salvador.

¿Cómo alguien más lo va a logar? Porque además, muy probablemente esa persona busque los mismo ¿Por qué dejar esa difícil, complicada, titánica e importantísima tarea recaer en alguien más? ¿Sobre todo en la persona que amamos?  Tanta responsabilidad no me hace sentido. Lo que sí me queda muy claro, es que pobre de él si falla. Habremos quedado atrapadas en quien sabe qué idea absurda perdiendo toda oportunidad de salir de ahí por nosotras mismas.

Pues gracias Disney pero como mujeres cuidadosas de cada detalle, cuidemos de la mercadotecnia que nos rodea y no seamos víctimas,  no busquemos que nos salven; propiciemos la autosalvación y autosuficiencia que nos permita  acompañar  al príncipe azul que ni es príncipe ni es azul, pero seguro querrá acompañarnos en este caminar si dejamos de esperar de él y trabajamos junto con él. Salvémonos a nosotras mismas.

*Ana Paola Orozco

Soy Culichi y deportista de corazón, economista por convicción y madre por bendición. Amo usar artículos determinados con los nombres de personas. Disculpe usté mi improperio.

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