Sola con mi soledad

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Durante cinco años viví sola. Era un sueño que tenía desde varios años atrás; después de muchos intentos finalmente encontré un lugar y un trabajo que me permitían lograrlo.

Pensaba en periodismo las 24 horas al día, siete días a la semana; todo giraba en función a ese trabajo y todo dependía de ello: vacaciones, planes de fin de semanas y hasta la ropa que me compraba. Incluso mi vida social (muy poca) estaba relacionada con la chamba.

Sin embargo no todo era miel sobre hojuelas, el primer año y medio la pasé muy mal; aunque era algo que quería, lamentaba estar sola, eso sentía, que estaba sola. Pensaba que todos los demás tenían una mejor vida que yo, que la vida de los demás era más interesante que la mía. Además fue una época en la que no tenía novio ni pareja ni nada, realmente era una total soltera.

Las fiestas familiares eran un suplicio, ya que todas mis primas y primos tenía pareja en esa época, por supuesto mis tías tenían marido, mi mamá también y prácticamente a cualquier lado a donde volteara todo mundo estaba acompañado.

Era la típica persona que odiaba los domingos y amaba los lunes. Esta situación me hizo volcarme hacia mi trabajo totalmente, era lo único a lo que me dedicaba. Aplicaba el dicho: “Vivo para trabajar, no trabajo para vivir”.

Mientras mi trabajo me llenaba de satisfacciones y me daba muchas alegrías, en lo personal no lo pasaba tan bien. No sé de dónde saqué que nadie me quería, que nadie nunca se iba a fijar en mí, que nunca tendría la pareja que yo quería. No es que no se me acercara nadie, el problema era que queríamos cosas diferentes. Eran los típicos hombres que buscaban alguien con quien salir de fiesta y acabar en la cama cada semana, cosa que ni me asustaba ni me desagradaba, el problema era cuando yo pedía “de más”, o sea socializar en pareja, ahí la puerca torcía el rabo.

Así que prefería salir y hacer todas mis actividades extra laborales sola, el problema era que todo mundo me decía: “Ay, tan bonita y tan solita”; cuando me despedía de la familia, después de una comida tenía que soplarme el típico: “¿Para qué te vas si nadie te espera?” o “¿Todavía no tienes novio?” Hasta mi papá un día me dijo: “Lo que necesitas es un novio, estás muy solita” ¡Plop!

Y por hacerle caso a medio mundo acabé en la peor relación del mundo, para cuando me di cuenta ya había metido las cuatro patas. Salir de ahí me costó sudor, lágrimas y mucho dinero en terapia. Fue justo en ese etapa cuando aprendí muchas de las lecciones importantes de mi vida, empezando por disfrutar mi soltería, distinguir entre solitaria y soledad.

Logré sacudirme inseguridades, miedos y telarañas, mi vida dio un giro de 180 grados, comencé a disfrutar todas esas cosas que los demás veían y yo no. Entonces los domingos se volvieron mis días favoritos, ir al cine sola me encantaba, me metí al gimnasio y después de unos meses, cuando menos lo esperaba, me di cuenta de que disfrutaba enormemente estar encerrada conmigo misma. Y fui feliz.

Grace Navarro
Grace Navarro

En algún lugar escuché que la fotografía detiene el tiempo. Yo nunca he querido detener el tiempo. Pero siempre he querido recordarlo todo. Soy fotógrafa porque la fotografía llegó a mí y no yo a ella. No tengo buena memoria pero tengo muchas fotografías. Nací en Mexicali, donde el sol te quema la piel y la gente te abraza con su calor humano. Un impulso me trajo al DF y muchos otros me han mantenido en esta ciudad. Si me preguntan dónde he trabajado diré que en periódicos, revistas y editoriales, que me han pagado por tomar fotos, que he viajado y conocido lugares increíbles, y que he conocido a gente excepcional. La verdad es que la fotografía cambió mi vida y eso es lo que soy, simplemente una fotógrafa.

4 Comentarios
  1. Pam me encantó!!! tal vez, no, seguramente por que me identifico totalmente con tu post, estoy en la etapa de vivir sola y sufriendo los comentarios familiares tal cual los pones :/ jajaja veo que no soy la única que sufre #BullyngFamiliar pero bueno, me gusta y poco a poco voy aprendiendo a disfrutar de mi soledad, gracias por compartir, saludos!! 😉

  2. Bien dicen que para aprender a estar en compañía tenemos que aprender a estar con nosotros mismos. Si ni nosotros gustamos de nuestra compañía, ¡menos los demás!

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