Encerrada con las letras

consB

–P-u-t-o. Mira mami, en esa pared dice puto.

Silencio sepulcral.

–Sí, dice eso –Abrió los ojos enormes, sonriente aunque con un gesto raro– ya sabes leer, Constancita.

La voz de mi mamá:

–¿En qué momento esta niña aprendió a leer? Tiene cuatro años. (A la distancia imagino la escena y puedo morir de amor pensando en ella escuchando la voz aguda de su hija leyendo ‘eso’)

Yo pensé: “Sí, ya sé leer ¿le cuento que escribo letras y las junto desde hace mucho? tal vez me regañen. Uy no, mi cuaderno es sólo mío. Ayer escribí ‘tromel’ la palabra que dice Carlos que es el verdadero nombre del tenedor. Y ‘fiselo’, así se dice jamón”. (Años más tarde me enteré que Carlos (Carlos Jurado, el pintor), que era nuestro vecino, se divertía tratando de enloquecerme cambiando el nombre a todos los objetos cotidianos.)

Desde ese día, todo, todo lo escrito sobre cualquier superficie tenía mi atención.

Porque así pasa y porque así es mi historia, los silencios en mi casa eran prolongados, para una niña pequeña cualquier espacio callado y desocupado puede ser de lo más aterrador, así que el librero se convirtió en mi objetivo único. Que no hubiera nadie conmigo ya no era un problema.

Antes de salir a la escuela, corría a la sala, elegía un libro al azar, lo tomaba y corría de regreso a mi recámara para dejarlo sobre un pequeño librero que estaba debajo del clóset. Empecé a seleccionarlos en distinto orden, hice todas las combinaciones: esta semana sólo libros azules, gordos, rotos de una esquinita, cafés, pequeños, que empiecen con ‘C’, en otro idioma. (Sí, el fetichismo no se construye en un sólo día). Después de comer, ya en mi cuarto, me sentaba en el piso recargada en la ventana de mi balcón; la luz ahí era perfecta para leer.

No puedo decir que entendí todo lo que leí, pero era una fascinación absoluta. La tinta, el olor, las letras, el papel…uff, el papel. Un libro, te sientas, lo abres, se acaba el silencio: ¿cuándo se escribió?, ¿quién es este señor?, ¿por qué les ponen nombres tan raros a sus hijos? Oye, el hermano de Alyosha se llama Mitya. Y Misha es su primo o nomás estudia con él… Pues sí, son raros.

Encontré un cuadernito vertical y empecé a escribir todos los nombres de los personajes que iban apareciendo, a acomodarlos, a entender que Misha y Mishka eran distintos.

Era un buen librero, de mi abuelo Miguel, que según todo mundo había sido un gran tipo, y seguro que sí porque muchos de los libros tenían letras amabilísimas para él: “Querido Miguel”, “Miguelón”, “don Miguel…”

Escribí en mi cuaderno:
Varia
Gaev
Trofimov
Gavrilo
Serejka
Basilo
Volodia
Daisy
Tom
Holly
Kat
Gerard Duval
Gregorio
K

También escribí:
Kilimanyaro
Bolchevique
Que aunque no eran nombres, eran palabras que merecían guardarse.

¿Y esos libritos rojos? “Manifiesto” bonita palabra, directo al cuaderno. Aquí hay un libro sobre oro… Nada, casi nada entendí. Pero pasé horas tratando de descifrar una dedicatoria a mi abuelo, larga e interesante que hablaba sobre construir una Nación (así con mayúscula), terminaba con: “Salud! El Dr. Atl (una firma) México -10 Nov, 58 (1958)”. Lo guardé en mi librero, al lado de un libro empastado de ‘los correos de Ultramar’ que tenía los dibujos más lindos que yo había visto (grabados de ropa, de barcos, de anuncios)

Ya se dieron cuenta que leo todo. Tuve a mal acomodar un entrepaño completo del librero del abuelo: puse un banco, bajé los Códices y los acosté, son más fáciles de jalar así, sólo tengo que pararme de puntitas para alcanzarlos. Y ahora hablan de quitar libros que no debo leer. ¿Por qué no debería de leer algo? Ay, mis papás.

No quitaron ninguno, Poncho dijo que no hay nada que no pueda leer. Que si quiero leer, que lea. Adoro a mi Ponchito.

Mi papá me trajo de Italia un cuadernito nuevo, cosido, con papel blanco, sin rayas. Empecé una nueva lista con nombres de ciudades y palabras raras. Y otra, y otra y otra.

Y sí, también leí libros para niños y los adoré. Unos más que otros, esos preferidos los escucharon mis hijas desde que estaban en la cuna. (#dicen que padres lectores hacen hijos lectores. No siempre funciona, pero suena re bien. Ustedes léanles, acuérdense que leerles en voz alta es poner tu voz a su servicio; si salen lectores o no, eso es otro asunto)

Nunca supe cuáles eran esos que no debía leer. Pero si era uno de Pietro Aretino o uno de Boccaccio, se equivocaban. Los que tenían que haber prohibido eran los que me hicieron dejar de dormir: Horacio Quiroga o Edgar Allan Poe. Cuánto miedo en esas noches.

Con los años, los cuadernos se convirtieron en libretas, agendas y nuevamente libretas. Los nombres en algún momento migraron a títulos de libros leídos y ahora a libros por comprar. Uso una libreta roja, que se ha ido poblando de letras horizontales y verticales; igual hay una página con la lista del súper y la siguiente con eso que escuché en una entrevista de radio. Hay unas letras nerviosas que aventé mientras esperaba a un guapo en un café, el nombre de un diseñador, el color de los zapatos que quiero y necesito.

No todos los libros se terminan del mismo modo, algunos se tiene que sacar de la recámara y esconder en un librero lejano, otros se dejan reposar antes de leer la última página, los de política se deben alternar con uno de Vasko Popa o de Pessoa. Los libros de arte, después de disfrutarse muchas veces, son perfectos para prensar flores; los de ensayos son el mejor compañero para el insomnio, y los libros de poesía puestos en el buró curan el mal de amores.

Hay letras que pueden destruirte el día, la semana o el mes completo, esas se deben leer sólo por la tarde. Aunque también hay libros que terminas abrazando (y si no saben a qué me refiero, compren hoy uno de Alberto Ruy).

El hueco del libro terminado no lo compensa ni un kilo de chocolate belga. Hay una pérdida siempre, una despedida no deseada.

Ya no combato los silencios, cohabito con las urracas parlanchinas más encantadoras del planeta.

Leer sigue siendo un territorio propio, favorito y no compartible…

Foto Cons2
A los dos años y medio

Foto Cons 1

Las libretas

Grace Navarro
Grace Navarro

En algún lugar escuché que la fotografía detiene el tiempo. Yo nunca he querido detener el tiempo. Pero siempre he querido recordarlo todo. Soy fotógrafa porque la fotografía llegó a mí y no yo a ella. No tengo buena memoria pero tengo muchas fotografías. Nací en Mexicali, donde el sol te quema la piel y la gente te abraza con su calor humano. Un impulso me trajo al DF y muchos otros me han mantenido en esta ciudad. Si me preguntan dónde he trabajado diré que en periódicos, revistas y editoriales, que me han pagado por tomar fotos, que he viajado y conocido lugares increíbles, y que he conocido a gente excepcional. La verdad es que la fotografía cambió mi vida y eso es lo que soy, simplemente una fotógrafa.

33 Comentarios
  1. Ha sido un verdadero deleite leérte Cons! Muchas gracias por transportarme a tu infancia, a tu historia.. y a tus fundamentos… Te quiero mucho siempre.

  2. Maravillosa la forma de narrarnos su acercamiento con las letras. ¿Cuántas historias como ésta se podrían contar? ¿Cuántas de éstas servirían para mostrar el amor por los libros y las letras? Creo que ustde pertenece a esa pequeña cofradía de elegidos por las letras para disfrutarlas.
    Dice bien usted que “El hueco del libro terminado no lo compensa ni un kilo de chocolate belga. Hay una pérdida siempre, una despedida no deseada”. Ésta es una espléndida apología del amor por los libros.
    Y lo del fetichismo… Sí, siempre hay una dosis de fetichismo en el amor a los libros.
    El hecho de que una vez que se abre un libro y se acaba el silencio: No hay mejor forma de describir esa sensación de acompañamiento con el autor de algún libro cualquiera.
    En fin, enhorabuena y siga disfrutando de ese placer incomparable que es la lectura.

    1. Querida Pam, gracias por la invitación. Qué difícil (sí, también poquis divertido) escribir sobre pedido, ya se me había olvidado cómo es eso. Gracias por tus letras, las valoro mucho.

  3. No sabes cómo me acordé de Irene chiquita que jugaba a buscar palabras en el diccionario y que también se le hizo buena idea llevar a su escuela católica el libro rojo de Mao Tse Tung jajajajajajajaja

    1. Esos libros rojos, son lo máximo! 😉 los seguimos usando, el año pasado decoraron la punta del árbol de navidad alternativo que hicimos con libros… #ayquétiene
      Te imagino tal cual, con el mega diccionario rumbo al cole. Un beso. Gracias por la invitación.

    1. Ethel, yo voto por lo mismo, ya nada más necesito encontrarle un par de horas más al día, o descubrir la fórmula para la teletransportación. Ya con eso. Gracias por tus palabras, por leer y las porras.

  4. wow querida Constanza…

    ¿cuándo regresabas los libros?… porque todos los libreros… tiene su límite… de espacio, claro.

    a mi también me dejaban leer lo que se ocurriera en casa, solo que yo… no tomaba nota…

    muchos saludos

    Claudia

    1. Los iba regresando como los iba leyendo, habia cierta clandestinidad que cuidar. Sólo algunos, muy especiales se quedaron en mi librero. Y todavía los tengo.
      Gracias por leer!

  5. Íntimo, sencillo,entrañable y verdadero… gran texto, Cons. Me sentí muy identificada porque también pasé buena parte de mi infancia y adolescencia acompañada de Dunias, Hollys, Julianes y Emmas, de los que mis amigos “reales” se burlaban mucho… Te mando un abrazote.

    1. Bueno, que tú, talentosisima Leti escribieras esto para mí, me puso muy feliz y muy muy presumida. 🙂 gracias en verdad. Y sí, mis muñecas también tenían nombres poco comunes. 🙂

  6. Muy lindo texto, de acuerdo con Juan y contigo, ese final no deseado y ese silencio roto al abrir un libro y lo de abrazarlos, coincido al cien con todo eso, es muy, pero que muy cierto y muy disfrutable además, toda esa gama de sentimientos y emociones que vives al leer. Inigualables.

    1. Gracias por tomarte el tiempo de leer y de escribir por aquí irlanda. Hacen eso las letras, nos acercan a personas con gustos, intereses y creo que locura similar. Saludos.

  7. Una niña pequeña debajo de un librero devorando letras, me trae recuerdos cuando era mas humanista que científica. Gracias totales por tu hermosa colaboración.

    1. Ixchela querida, es justo al revés, muchísimas gracias por la invitación! Fue un poco un camino tortuoso pero disfrutable a la vez… Qué gran esfuerzo hacen escribiendo cada semana, las admiro cien veces más.

  8. ¡Bravo, bravo, bravo!
    Disfruté cada línea, cada maravilloso y cincelado detalle.
    Constanza, mira nomás el pedazo de narradora que eres. Yo creo que sí, en tu caso esa voz deliciosa se alimentó con todos esos libros.
    Gracias de nuevo.
    Alma

    1. Sabes bien que esta historia se iba a llamar – ya no llores, flaquita – pero la vamos a dejar pendiente para otro día… Gracias infinitas por lo que me escribiste. Infinitas.

  9. Te describes tal cual te recuerdo; siempre así, tu casa llena de arte y un librero siempre lleno y más lleno de libros. Me encanto leerte y debes de hacerlo más seguido, pues tus palabras emanan motivación por salir corriendo por un libro y por tu texto he iniciado el día de hoy un domingo que se; será maravilloso !

    1. Mónica queridísima: primero, cuántas ganas de verte!
      Qué bien que te gustó mi historia con las letras. Ven pronto, vamos de compras (de libros) juntas!

  10. A través de lecturas nos conocimos mejor, fue hermoso comentar libros con una niñita de pelos chinos al tu por tu.
    Mi nena (Mariela)siempre me veía leer y ella veia sus libros de niños, no sabiar leer aun, un día la encontré con uno mío sin imágenes, lo ojeaba detenidamente y después de un rato le ponía un separador y lo dejaba en su buró, ella aprendió primero a sentirlos y acariciarlos ¡ qué maravilla !

    1. Sí, Bonita. Cualquiera que sepa medianamente mi historia de amor con Mauricio sabe bien cuánto adoré ser tu familia. Me acuerdo perfecto que llegué a ElCano en lancha, con mis zapatos en una mano, y Marguerite Yourcenar en la otra y platicamos horas. Así te conocí, y desde ese día hasta ese momento te adoré y adoro que seas la magnífica abuela de mis hijas. Te quiero mucho siempre. Qué bonito tener otra historia con las letras. 🙂

  11. No dejas de sorprenderme desde hace más de 4 décadas, recuerdo perfectamente a esa pequeña niña de grandes ojos curiosos y rizos que enmarcaban un rostro lleno de inquietudes y complicidades futuras que, se hicieron realidad…bello texto Constanza…!

    1. Querido Raúl, complicidades… dices bien. Qué lindo leerme desde tus ojos cercanos a mi familia siempre. Papá de Quesito, amigo de mis papás y ahora amigo mío. Gracias, gracias. Te mando un beso.

  12. Qué padrísimo leer un artículo tuyo mi Cons, se nota tu vena artística, me encantó y puedo además imaginar perfectamente a esa chiquilla de 4 años rodeada de adultos leyendo todo lo que se le ponía enfrente!!! yo era igual, también leí muchos libros prohibidos para niños…. quien les manda a los papás dejar solas a unas chiquillas tan despiertas jaja. Te mando un beso con mucho cariño prima 😉

  13. Hola Cons,
    Gracias por compartir algo tan tuyo,un pedacito de tu mundo de pequeñita, por hacernos cómplices de aventuras con los libros; por el amor a las letras, que no hurtas, sino heredas, por ambos lados. Me transportaste a esos momentos de tu infancia y te imagine como si estuviera contigo… Escribes muy bonito, no dejes de hacerlo.TQM

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