Mientras, vivimos

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Hace como 10 años, más o menos, estaba sentada platicando con Alicia en su sillón blanco, cada una con un whisky lleno de hielos en la mano y una charola con botanas en medio. Qué grandes tardes/noches pasábamos platicando. Obviamente, solucionábamos el mundo, incluidos todos nuestros problemas.

Ese día hablábamos sobre el futuro, el de cada una. Entonces, trabajábamos en Editorial Televisa, en la revista Cambio, ella era mi jefa. Pero era mucho más que eso, era (es) mi mejor amiga. Diez años mayor que yo, éramos (somos) las amigas perfectas, en nuestras eternas pláticas nos echábamos porras, pero también nos confrontábamos, decíamos las cosas de frente y sin el menor temor a lastimarnos. ¿Cómo hacerlo si lo expresábamos con todo el cariño que nos unía?

En fin, hablando de lo que haríamos mientras llegaba el hombre de nuestra vida, la solución a nuestros problemas económicos y demás metas que finalmente nos regalarían la felicidad absoluta, le dije: “Es que estamos viviendo el mientras. Esta es nuestra vida, mientras.” No sé si ustedes lo entiendan, a ella le quedó clarísimo y se volvió un gran tema de nuestras conversaciones. ¡Ufff! Cómo extraño esas charlas.

Llegamos a la conclusión de que por estar esperando cualquier cosa o situación que, según nosotras, solucionaría nuestra existencia, nos estábamos perdiendo del mientras, del ahora, de la vida. No, además de los varios whiskys no nos metíamos nada más, así de profundas y existenciales eran nuestras conversaciones.

Si, muchas veces ahí dejamos la vida, esperando a que pasen cosas. Mientras algo llega estamos viviendo y a veces se nos olvida. Nos enfocamos en la meta y nos olvidamos del camino. Y, si, el camino es lo más importante de todo.

Y, mientras escribo esto que había pensado claramente de qué iba a tratar, medito en hace cuánto que no veo a Alicia. La extraño. Hace ya como ocho años que se regresó a vivir a Guadalajara y luego a Chapala y luego a Bucerías y luego a San Carlos y luego a Punta Mita. Pero eso no nos alejó, he conocido cada una de sus casas, a excepción de la última.

Es que en ese mientras que cada una iba viviendo y compartiendo con la otra a viva voz por teléfono o a través de las letras, que sin duda ella domina mucho mejor que yo, nos fuimos perdiendo. No, perdiendo no es la palabra, yo sé que aún la tengo y ella a mí, sólo que el mientras nos arrolló.

Yo me hice mamá de María y ella se hizo abuela de Luisa. Yo empecé a enfocarme en generar, en ser proveedora de mi familia, en aprender a ser madre y en caminar este mientras de la mano de mi chamaquita. Ella hizo lo propio junto al mar y se alejó del mundo virtual. La última vez que hablamos dejamos claro que sabíamos lo que cada una estaba viviendo, pero también estábamos seguras que entre nosotras nada se había roto.

Ya no nos mandamos mails, ni nos hablamos por teléfono. Ya ni siquiera me lee en Facebook (abandonó la red social) y, supongo que no sabe que escribo este blog. Pero sé que cuando se entere me va a leer, me va a acompañar y, por supuesto, me va a editar, a decirse a sí misma lo bien o mal escrito que está cada uno de mis textos.

Pienso en nuestra amistad y la extraño, quisiera volver a tantas vacaciones y no vacaciones que pasamos juntas, yo con su familia (que en mi corazón también me pertenece), ella con la mía. Porque pasa algo muy singular: Alicia y mi mamá son grandes amigas y pueden platicar por horas; yo con la Ali, su hija, chismoseo sin parar, y compartimos esto de la maternidad con apenas un par de años de diferencia.

Y mientras nos volvemos a encontrar, en cualquiera de las versiones que decidamos aplicar, nuestras charlas están esperando, como un cassette al que le pones pausa; sólo hay que apretar Play de nuevo para que continúen como si nunca se hubieran detenido.

Mientras hay que vivir, hay que disfrutar, aunque suene a libro de superación personal. Para eso está la vida ¿no? Yo pienso aprovechar el mientras y vivirlo al máximo; hoy, con María, que es lo mejor que me ha pasado, con mi familia, con mis amigas y amigos, con mi chamba; mañana, quién sabe.

Esta canción, con hartas copas de vino tinto encima y muchísimas lágrimas, fue el tema de la despedida de Alicia del DF

Grace Navarro
Grace Navarro

En algún lugar escuché que la fotografía detiene el tiempo. Yo nunca he querido detener el tiempo. Pero siempre he querido recordarlo todo. Soy fotógrafa porque la fotografía llegó a mí y no yo a ella. No tengo buena memoria pero tengo muchas fotografías. Nací en Mexicali, donde el sol te quema la piel y la gente te abraza con su calor humano. Un impulso me trajo al DF y muchos otros me han mantenido en esta ciudad. Si me preguntan dónde he trabajado diré que en periódicos, revistas y editoriales, que me han pagado por tomar fotos, que he viajado y conocido lugares increíbles, y que he conocido a gente excepcional. La verdad es que la fotografía cambió mi vida y eso es lo que soy, simplemente una fotógrafa.

14 Comentarios
  1. Una vez que paré de llorar y pude encontrar de nuevo el monitor y el teclado, respondo con emoción al escrito que me dedicaste…
    Nunca te he dejado de pensar, ni de leer. Desde que apareció el blog de María y luego el de los Tacones, te sigo fiel, te edito con rigor, me sonrío con tu deliciosa manera de platicar. De hecho, me he sentido muy cercana a ti a través de la letra impresa; he visto a María convertirse en tu mejor amiga, en la cómplice perfecta, en la María de todas nuestras conversaciones, y la de antes, de todos tus sueños.
    Marielita, me hiciste sentir muy bien, muy querida y muy buena persona. Y lo necesitaba. ¿Que si te extraño?, yo creo que andamos empatadas. ¿Qué si me haces falta?, tanta como le puede hacer falta a uno de los dos ojos para ver bien, o uno de los pulmones para respirar como se debe. Pero te sé, de cierta y con contundencia. Eso ayuda, y por eso veo bien y respiro tranquila.
    Recordar el sofá, los whiskies, las disertaciones, las de lágrimas que vertimos y de nudos que nos hicimos, y deshicimos, sólo ha servido para constatar lo que nunca ha estado en duda: en verdad eres uno de los premios que me ha dado la vida, uno muy lindo y muy importante, además de inteligente y creativo, y bonito, un premio muuuuuy bonito.
    El resto te lo mando por mail. AA

    1. ¡Ufff! Mejor ni te cuento mi lloradera en Liverpool cuando lei tu mail y luego llegando a la oficina cuando leí este comentario.
      Cuántas anécdotas, cuántas historias, cuánta complicidad.
      Te quiero y te extraño. Y corro a marcarte.

    1. Vecina, tienes toda la razón, pero a veces se nos olvida ¿no? Y pasamos la vida esperando llegar a la meta.
      Muchas gracias por tus palabras. Besito.

  2. Te digo Mariela… una cosa más en común: una amiga mayor, en mi caso, mi amiga es 20 años mayor que yo, estuvo a punto de convertirse en mi suegra y hace 12 años que no sabía de ella, hasta que le llegó un mail que le envié en estos días y me lo respondió. Sobra decir que mientras eso pasaba, logré hacer una vida y encontré la felicidad que cuando estábamos juntas, ella siempre me auguraba.

    Espero al igual que yo, puedas darle Play a ese cassette que se quedó en pausa cuando Alicia se alejó del mundo virtual

    1. Qué chistoso que coincidamos nuevamente en una historia, pues ¡¡¡chócalas, tocaya de anécdotas!!!
      La amistad es de las mejores cosas que nos pueden pasar.
      Gracias por tu lectura y por compartir también en este taconeo.

  3. Que hermooosoooo!!!
    Y has hecho algo que yo siempre digo, di lo que sientes, cuando lo sientes, es decir, ¡en el mientras! que es cuando pasa la vida, te felicito por haber hecho este bello texto que llegó más rápido de lo que suponías a su destino y tuvo sus bellas consecuencias, felicidades por tu hermosa amistad, afortunadamente se de qué hablas, y lo celebro con ustedes, y que honor que del otro lado está una mujer con un gran nombre, que honor!! En horabuena a las dos, Mariela y Alicia!

    Besos y a seguir viviendo y haciendo la vida consciente y con sentido!

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